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Aitor Ruiz de Egino

Escultor

En el barrio obrero de Zikuñaga, en Hernani, en un polígono industrial situado en las faldas del monte Adarra, se encuentra Zikuzulo, el taller de Aitor Ruiz de Egino.

Desde aquí desarrolla su trabajo, basado precisamente, en el siempre precario equilibrio entre el mundo natural y el entorno industrial. Podría pasearse por entre sus figuras como por un bosque de biología metálica, y observar en nuestro camino esa misma bruma que oculta, sin borrar del todo, la silueta de sus animales imposibles y sus árboles totémicos.

El aluminio, predominante en la obra del Hernaniarra, parece el material perfecto para ese bosque. Su luminosidad, su ligereza, su suavidad, su calor, su propia condición de metal transformado, tomado de la tierra pero convertido en algo distinto.

Sus esculturas se desarrollan en torno a un vacío central al que rodean y atrapan largas formas y brazos recto-curvos, acabados en finos garfios. Sus esculturas poseen garra, equilibrio y atractivo. Obras, que ya pueden ser consideradas como mayores, y que exigen su puesto en la escultura vasca de comienzos de siglo, de raíz constructiva y surrealista.